Si las cosas siguen así, Pardo y Fajardo tendrán que adherir a alguien o retirarse. Esto último causaría un problema dentro del liberalismo que tiene un número importante de congresistas y de votos. Este no es el caso de Fajardo. Podría unirse a Mockus, excepto porque está jugado y había prometido seguir hasta el final; y porque le gusta el papel de candidato, a diferenci de Rafael Pardo que parece incómodo en esa misma situación. Excepto en el día cuando el partido Liberal lo escogió como candidato presidencial cuando pronunció un excelente discurso y mostró que tenía madera de candidato, él no ha mostrado las ganas de hacer campaña. Al otro día de ser elegido invitó a Vargas Lleras a una alianza y a una consulta, con lo que se ubicó otra vez de pre candidato. Luego se dedicó con entusiasmo a ser el jefe de su partido, posición que parece gustarle más que el papel de candidato y que ha desempeñado adecuadamente pues el liberalismo conservó el número de congresistas, a pesar de haber pasado a tercer lugar después de la U y del partido Conservador. Pero este no es un resultado que le reconozca el electorado y perdió puntos con el voto de opinión por haber cobijado dentro del partido a familiares de personas vinculadas con paramilitares; y por haberse entregado a Samper, de quién se está diciendo que ha logrado lo que nadie había conseguido hasta ahora, que consiste en haberse tirado dos partidos, el Polo y el Liberal, en una misma elección.
La iniciativa de Vargas Lleras de proponerle a Pardo y a los liberales que lo acepten como su candidato no es tan descabellada. Lo descabellado sería que el liberalismo adhiriera a Cambio Radical a pesar de ser este el partido más pequeño de los dos. Si se realiza la alianza al revés y Cambio regresa al partido Liberal, se conforma un directorio con representación proporcional al número de congresistas de cada uno de los dos partidos y queda de candidato uno de los dos, el que esté adelante en las encuestas a mediados o a fines de abril, y el otro de jefe del partido unido. Las plataformas políticas de los dos candidatos tienen muchas afinidades y no habría problemas ideológicos insalvables salvo que Pardo quiera invitar nuevamente a Petro, que no aceptaría porque de los tres es el que mejor registra en las encuestas. La presidencia, ahora o dentro de cuatro años, bien vale un Cambio.
Lo que deberían tener en cuenta estos candidatos que van tan atrás es que mientras los dos punteros, Noemí y Santos, se esfuerzan para demostrar que sus programas giran alrededor de "seguridad democrática", esta ha pasado a cuarto o a quinto lugar en la prioridades del públic que está esperando soluciones para el desempleo, la pobreza y la salud. El candidato que logre convencerlos de que las va a proporcionar satisfactoriamente tiene una buena oportunidad de correrle el piso a los dos candidatos "uribistas" que van adelante. Deberían dar la pelea en el terreno que los favorece.
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